17 mayo 2018

Mecenazgo de Orn, el juego de rol

En apenas 48 horas finalizará el mecenazgo de Orn, el juego de rol, cuyo proyecto de financiación está ahora mismo en Verkami.

El juego está financiado ahora mismo al 92% y creo que no tendrá problemas para lograr el objetivo mínimo gracias al empujón habitual de los últimos días; necesita menos de 20 mecenas más que pillen la recompensa de libro + PDF, así que creo que es más que factible.

El libro está basado en los cómics de Orn creados por Quim Bou, de los que confieso que no he leído uno en toda mi vida, pero cuya estética me gusta. Sabía que existían, pero nunca he tenido la oportunidad de hacerme con uno, así que lo poco que sé sobre el mundo lo he averiguado estos días. Puedes descargar el primer volumen gratis con una app para móviles, pero desgraciadamente es solo para dispositivos de Apple. En cualquier caso, parece ser un mundo de fantasía medieval poblado por animales antropomorfos, donde los insectos han sustituido a los animales (¡un detalle muy chulo!).

El libro lo ha escrito Jordi Martín, el autor de Reflejo, usando como base de reglas el Sistema Solar, creado por Clinton R. Nixon para su juego La Sombra de Ayer (The Shadow of Yesterday). Me leí la Sombra de Ayer hace años y me gustó mucho el sistema. Es lo que hoy llamaríamos un "hack" de FATE, con mecánicas similares y algunas adaptaciones interesantes. La que más me gustó fue la de obtención de puntos de experiencia: cada jugador decidía una serie de objetivos para su personaje (que podían ser perfectamente encontrar al amor de su vida) y la experiencia que ganara se basaba en cómo fuera logrando dichos objetivos. Cualquiera que conozca FATE entenderá sin problemas las mecánicas de este juego.

En los últimos tiempos estoy apoyando menos mecenazgos y, de hecho, compro menos rol de lo habitual en mí. No es realmente hartazgo o empacho, pero ha llegado un punto en el que mi colección de juegos de rol (que ya supera los 400 libros) está más que completa y ya tengo un poco de todo, tanto de reglas como de temática (al menos, de lo que me interesa; no tengo muchos juegos de horror, por ejemplo). Aún así, en los últimos meses me he apuntado al mecenazgo de Coriolis y he comprado cosas como Far West o Mutant Year Zero, que me han parecido juegos que aportaban o unas reglas o una ambientación originales. Y también sigo pillando los libros de El Anillo Único cuando salen (el precio ayuda) y cositas de la OSR como ACKs, Aventuras en la Marca del Este o Clásicos del Mazmorreo.

Sin embargo, para justificar ahora la compra de un juego nuevo, sobre todo si pertenece a una línea de juego que no tengo, éste tiene que ofrecerme realmente algo especial. En el caso de Orn lo que más me llama la atención es el apartado gráfico: creo que el libro va a quedar realmente bonito. El precio no es nada excesivo (30 euros por el físico y el PDF), el sistema lo conozco, el mundo parece interesante y el autor de las reglas es alguien que ya ha escrito un juego antes y al que se le supone por tanto una cierta experiencia. Creo que voy a ser uno de esos que se apunta al mecenazgo a última hora ;).

Saludetes,
Carlos

16 mayo 2018

Leyendo Playing at the World

Llevo un tiempo leyendo Playing at the World, un ensayo escrito por Jon Peterson en 2012. Es un libro enorme (¡más de 700 páginas en físico!) que trata sobre las circunstancias que llevaron a la creación de Dungeons & Dragons. El libro está dividido en cinco capítulos: el primero repasa las vidas de Gygax y Arneson hasta 1974 (fecha de la publicación de D&D) y el último trata sobre los primeros años de la empresa fundada por Gygax y Kaye (TSR) que publicó el juego. Entre medias, hay una extensa investigación sobre los orígenes de la fantasía medieval, los wargames y todo el resto de influencias del juego.

Como ya he dicho antes en las redes sociales estoy disfrutando como un gorrino en una charca de barro: hace tiempo me puse a estudiar los primeros años del hobby y llegué a escribir una malograda historia de los juegos de rol que, oye, al menos llegó casi a 1980 (ver Historia de los juegos de rol). Vamos, que el tema me interesa. Y este libro expande y profundiza nuestro conocimiento de esos primeros años del hobby de forma increíble. La mayor parte de la información la ha sacado el autor analizando los fanzines y revistas de la época (The Wargamer Digest, The General, etc.), con lo que muchas fechas y cifras que anteriormente se habían obtenido de entrevistas con los involucrados, y que en muchos casos se hicieron décadas después de los hechos, se han podido datar con mucha más precisión.

Creo que lo que más me está gustando es cómo el libro te va presentando la creación de D&D como algo que no surgió de la nada, sino que fue el resultado de muchas corrientes (los wargames, los juegos de miniaturas, la fantasía medieval, etc.) que estaban en auge a principios de los 70 pero que, en muchos casos, tenían un siglo de antigüedad. Así, te hablan de Poe, Burroughs (Tarzán, John Carter) y Dunsany como precursores de la fantasía en el siglo XIX, de la época de las revistas pulp (Lovecrat, Ashton Smith, Howard), del nacimiento de la editorial Avalon Hill y sus wargames en los 50, de los juegos de miniaturas (del Kriegspiel prusiano a las figuras de las guerras napoleónicas o de la Guerra de Secesión)... y de cómo a finales de los 60 y principios de los 70 tanto Gygax como Arneson formaban parte de este mundillo. En el caso sobre todo de Gygax, una parte importante e influyente dentro del fandom de los wargames. Ni D&D ni sus autores aparecieron de la nada.

El libro no es para todo el mundo, porque no es una novela, sino un ensayo escrito con seriedad académica: contiene innumerables notas a pie de página, fechas a tutiplén y una extensísima bibliografía. Pero aunque la lectura se hace densa en ocasiones, a mí no se me hace pesada. Probablemente porque el tema me gusta mucho xD, pero también porque Peterson logra transmitirte su entusiasmo por esos tiempos y la importancia que, para él, tiene la creación de los juegos de rol dentro del mundo de los juegos.

Voy leyendo cuando tengo tiempo, lo que quiere decir básicamente por la noche, cuando me voy a dormir. Así que más de una vez me he quedado frito con el libro en la cama. Así pues, es probable que aún tarde unos cuantos meses en terminar de leerlo, pero cuando lo haga, escribiré una reseña más extensa ;).

Saludetes,
Carlos

30 abril 2018

Las Tierras del Sueño y los juegos de rol

Por tres veces soñó Randolph Carter la maravillosa ciudad, y por tres veces fue súbitamente arrebatado cuando se hallaba en una elevada terraza que la dominaba [...] Pero cada noche en que se encontraba en esa elevada terraza de mármol, ornada de extraños jarrones y balaustres esculpidos, y contemplaba, bajo una apacible puesta de sol, la belleza sobrenatural de la ciudad, sentía el cautiverio en el que le tenían los dioses tiranos del sueño; de ningún modo podía dejar aquel elevadísimo lugar para bajar por la interminable escalinata de mármol hasta aquellas calles impregnadas de antiguos sortilegios que le fascinaban...

Lovecraft, En busca de la Ciudad del Sol Poniente

Así comienza el relato En busca de la ciudad del sol poniente de H. P. Lovecraft, aunque a mí me resulta mucho más atractivo su nombre en inglés, The Dream-Quest of Unknown Kadath. Esta novela menor de la que ya he hablado en el blog es el principal relato de Lovecraft ambientado en las Tierras del Sueño (o Dreamlands, en inglés), aunque no el único. ¿Qué son las Tierras del Sueño? Un lugar que ciertas personas del mundo real, los Soñadores, pueden visitar por medio del sueño lúcido, la utilización de ciertas drogas o a través de objetos mágicos y extraños portales.

Antes de Lovecraft, otros autores como Lord Dunsany habían explorado las Tierras del Sueño. Por ejemplo, en el relato Días de ocio en el Yann (Idle Days on the Yann) en el que un soñador navega por el río Yann en un barco, visitando las tierras bañadas por sus aguas. Y autores como Brian Lumley las han seguido explorando en la actualidad.

Los relatos ambientados en las Tierras del Sueño podrían pasar fácilmente por relatos de fantasía clásica, puesto que en la mayoría aparecen seres monstruosos, tierras salvajes, ciudades perdidas y dioses olvidados. Sin embargo, tienen varias peculiaridades que la distinguen de la fantasía: por un lado, que en todas se deja claro que los protagonistas no son nativos de ese mundo, sino personas del mundo real que saben que están en un sueño y que por ello, pueden tener ciertas capacidades especiales negadas a los habitantes del lugar. Después de todo, existen pruebas de que se puede estar soñando y ser consciente de ello, lo que se llama sueño lúcido, por lo que hay algo de base científica en la existencia de estos Soñadores.

Hay varios juegos de rol que han explorado el mundo de los sueños, pero creo que es interesante detenernos en dos de ellos:

  • La Llamada de Cthulhu: Uno de los más famosos juegos de rol que existen, diseñado por Sandy Petersen y Lynn Willis en 1981 y que va hoy por su séptima edición, con decenas y decenas de suplementos. Lo que no todo el mundo sabe es que la propuesta original de Petersen para este juego fue en realidad como suplemento para RuneQuest ambientado en las Tierras del Sueño. Después, se puso a escribir y terminó creando un juego completo ambientado en las obras de Lovecraft. The Dreamlands terminó siendo un suplemento, sí, pero para su propio juego, La Llamada de Cthulhu. En él se explicaba cómo podían entrar en estas tierras oníricas los investigadores de las aventuras habituales de La Llamada de Cthulhu y cómo podían controlarlas hasta cierto punto con una habilidad llamada Dreaming.
  • Rêve: the Dream Ouroboros: En este juego francés, escrito por Denis Gerfaud en 1985, los personajes viven en un mundo que no es más que el sueño de los dragones. Sus poderosos sueños, combinados, forman el mundo y cada personaje no es más que el sueño concreto de un dragón. De hecho, cuando un personaje muere, su dragón despierta momentáneamente antes de volverse a dormir y el personaje aparece de nuevo, pero con otro pasado, otra historia y quizá, el recuerdo borroso de otra vida vivida anteriormente. La magia en este juego consiste en manipular los sueños de los dragones viajando a una dimensión más abstracta aún que el sueño habitual de los dragones, una especie de Origen (Inception) imaginado un par de décadas y media antes ;).

Una diferencia importante entre estos dos juegos es que los personajes de La Llamada de Cthulhu saben que están en las Tierras del Sueño y que son soñadores con una vida en el mundo real, aunque estén fascinados por explorar este extraño mundo. Mientras que los personajes de Rêve: the Dream Ouroboros no tienen un mundo real al que volver; están hechos del material de los sueños, aunque algunos pueden ser más conscientes que otros y pueden manipular el mundo gracias a ese conocimiento (es lo que llaman magia).

Lo que tienen en común ambos conceptos es que la materia del mundo de los sueños no es tan fija y objetiva como la del mundo real. Ni la materia, ni el tiempo, ni la propia lógica y la causalidad. Un Soñador podría estar viajando por las Tierras del Sueño, tumbarse a dormir y soñar sin salir de las Tierras del Sueño, incluso encontrando a su propio yo onírico dormido, soñándole. ¿Por qué no? ¿No es algo que podría suceder en nuestros sueños?

Por lo tanto, aunque podemos tomarnos las Tierras del Sueño como un mundo de fantasía más, con sus ciudades, monstruos y tesoros, hay una cualidad propia que hace a este mundo más etéreo, más intangible. Todos hemos soñado y sabemos lo extraños que pueden ser nuestros sueños y lo aterradoras que pueden ser nuestras pesadillas. Eso hace que estemos bastante preparados para aceptar giros narrativos en las Tierras del Sueño que nos romperían la suspensión de la incredulidad en otros mundos de fantasía.

Al mismo tiempo, todos sabemos que mientras soñamos, el mundo es real para nosotros. ¿Quién no ha querido alguna vez despertar de una pesadilla? Es más, en ocasiones, nos despertamos a causa de una pesadilla; escapamos de las Tierras del Sueño. Tienen que existir unas reglas en un juego que trate sobre estos mundos oníricos, reglas que haya que seguir, para que no se pueda hacer simplemente cualquier cosa. Lo que viene a ser lo normal en un juego de rol ;).

Que los maestros, los sacerdotes y los filósofos reflexionen acerca de la realidad y la ilusión. Yo solo sé esto: que si la vida es ilusión, yo no soy más que eso, una ilusión, y ella por consiguiente, es una realidad para mí. Estoy vivo, me consume la pasión, amo y mato, con eso me doy por contento"

Conan, en el relato La Reina de la Costa Negra

Y, en ese sentido, ¿no viajamos todos al mundo de los sueños cuando jugamos al rol? Los dragones de Rêve pueden no ser grandes reptiles tumbados sobre pilas de oro, sino gente barbuda sentadas alrededor de una mesa, tirando dados. Y jugar todo el día a juegos de rol puede ser genial, pero hay que recordar que seguimos teniendo que mantener un pie en el mundo real. En el libro La Excesión, de la saga de ciencia-ficción de La Cultura existen Inteligencias Artificales extremadamente poderosas, inteligentes y conscientes, que se divierten creando abstracciones matemáticas incomprensibles para los simples humanos. Pero incluso ellas saben que todo ese armazón de sueños debe mantener un pie en la realidad para que no todo se desmorone.

Cualquier juego de rol que se cree y se ambiente en una versión u otra de las Tierras del Sueño tiene que incluir reglas que establezcan qué pasa cuando un Soñador muere en las Tierras del Sueño (¿simplemente despierta?), cómo puede manipular el sueño (¡sueño lúcido!), cómo se generan las pesadillas (¿quizá a medida que se acumulan fracasos en las tiradas?), qué sucede si se pasa demasiado tiempo en las Tierras del Sueño, etc. Esto último es muy importante porque, en mi opinión, un juego ambientado en las Tierras del Sueño debe tener en cuenta al menos la idea de que los soñadores deben volver de vez en cuando al mundo real. En ese sentido, hay juegos como Changeling o Nephilim que establecen que, para que los personajes de los jugadores sigan siendo viables, deben mantener una conexión con el mundo real: cuidar su parte racional y no solo su parte soñadora.

Me sigue fascinando el concepto de las Tierras del Sueño, probablemente porque son muy parecidos a los juegos de rol, que no dejan de ser algo muy similar a los sueños lúcidos: algo que nace de nuestras experiencias y nuestra imaginación, que controlamos hasta cierto punto y que en muchos casos nos dicen mucho de nosotros mismos, nuestros anhelos, nuestros miedos y nuestras esperanzas. Y vosotros, ¿qué opináis?

Saludetes,
Carlos

24 abril 2018

Campaña ACKs (IX): Pacificando el hexágono

Durante lo que llevamos de año hemos continuado jugando nuestra campaña del retroclón Adventurer, Conqueror, King. Se podría decir que hemos comenzado la segunda temporada, ya que terminamos el año pasado con los personajes ya en niveles 2 a 3... y propietarios de una fortaleza propia, que han rebautizado Vashtión (antes era Quasqueton).

Uno de los personajes jugadores, Vash, es un Paladín descendiente directo de uno de los constructores de la fortaleza: el mago Zelligar. El personaje comenzó la aventura con una carta que certifica que es hijo legítimo del desaparecido hechicero y, por tanto, como dueño del lugar. Lugar que han rebautizado como Vashtión.

En ACKs todos los jugadores que llegan a nivel 9 obtienen automáticamente un dominio, ya sea una fortaleza, una torre de magos, un monasterio fortificado o una cueva de ladrones. Pero nada impide que Vash, un Paladín de nivel 1, tenga también una fortaleza, si se la ha ganado. Eso sí, en el propio libro de reglas se indica que, en tal caso, es posible que los nobles vecinos traten de anexionarse un dominio gobernado por un advenedizo...

El caso es que los jugadores contrataron a unos cuantos soldados y comenzaron a cobrar impuestos a los gnomos que se habían asentado en las cuevas inferiores de Vashtión, trabajando en las minas de plata. Pero los jugadores querían tener más ingresos y para ello necesitaban atraer a más familias para que trabajaran en sus tierras (ya fuera en las minas o talando los bosques de alrededor).

En la más pura tradición del hexcrawl, el mapa de la región que rodea a Vashtión está dividido en hexágonos de 10 kilómetros. Para que la Vashtión comience a atraer colonos a la zona es necesario "limpiar" de enemigos y peligros el hexágono en el que se encuentra la fortaleza. Para ello seguí las instrucciones del libro Lairs & Encounters para determinar qué cubiles se encontraban en el lugar.

Lairs & Encounters incluye una descripción completa de una de estas guaridas para todos y cada uno de los monstruos descritos en el libro de reglas (y algunos más). Cada descripción incluye número de monstruos, tesoro y, en algunos casos, hasta un mapa del lugar. La descripción de una guarida de cangrejos gigantes ocupa un único párrafo con la indicación de que ahí hay seis cangrejos, que sus caparazones tienen un cierto valor monetario y que la guarida no deja de ser una cueva al lado de un río; pero la descripción de una guarida de orcos incluye el nombre, equipo (mágico o no) y tesoro de su jefe y consejeros, el número de subjefes, las tropas a su disposición, un mapa del campamento, algo de sus planes, etc. Me está resultando un libro inmensamente útil, la verdad.

Y los cubiles que se encontraron al final fueron los de unos cangrejos y los de unos berserkers.

Los cangrejos estaban, efectivamente, al lado del río que atraviesa el bosque en el que se encuentra Vashtión y que termina llegando al pueblo de Muro y la ciudad de Vado. Y la pelea fue bastante jodida, porque justo delante de la cueva había una gran zona embarrada donde era más complicado moverse y los jugadores tuvieron unos cuantos momentos de desorganización que casi se los carga a todos. No en vano los cangrejos son bichos duros que hacen bastante daño al impactar. Perdimos a unos cuantos PNJ durante el combate, pero al final los jugadores vencieron.

La segunda guarida que se encontraron fue la de unos berserkers. En nuestra campaña hay una región boscosa al norte donde viven pueblos bárbaros gobernados por reyes salvajes y druidas, dedicados a atacar a las baronías feudales vecinas. Estos berserkers estaban muy al sur y habían construido una de esas casas largas que construyen los vikingos.

Por suerte en este caso los jugadores no se lanzaron simplemente al ataque (porque eran varias docenas de berserkers) sino que se acercaron diplomáticamente a hablar con los bárbaros. Vale, dejaron a sus soldados cerca, por si acaso. Sacaron una buena tirada de reacción y comenzaron a parlamentar con ellos. Ahí nos vino bien tener a Agorwen, la Encantadora Elfa, porque sus bonificaciones a las tiradas de reacción son cojonudas. Pero lo que fue realmente determinante fue una habilidad bastante poco usada de los Paladines: el hecho de que son inmunes a las enfermedades y las intoxicaciones. El jugador de Vash aprovechó la ocasión para desafiar al jefe de los berserkers a un concurso de bebida. Y claro, siendo inmune a la intoxicación etílica... ganó.

Con lo que al final lograron vencer a los berserkers por el método de aliarse con ellos. Se enteraron de que estaban aquí porque habían sido expulsados de sus tierras por una banda de berserkers rivales, y que se estaban dedicando a explorar el bosque y matar hombres bestia. Vash estableció una alianza informal con los berserkers, que probablemente se mantendrá en pie mientras haya bandas de orcos, trasgos y otros hombres bestia por el lugar.

Habiéndose ocupado de ambas amenazas, dimos por pacificado el hexágono y Vashtión comenzó a atraer colonos.

Lo malo es que los colonos vinieron de las baronías vecinas... y eso no sentó del todo bien a algunos de nuestros vecinos. Pero de eso hablaremos en otra entrada ;).

Saludetes,
Carlos

19 abril 2018

Mi campaña de Magissa

Magissa es un juego de rol escrito por Edanna R. Patsaki y publicado por la editorial Nosolorol. Llevo muchos años jugando a este juego, incluso antes de su publicación, porque Edanna me pasó una versión inicial del mismo para que le echara un vistazo.

El caso es que en el verano de 2016, poco después de que se publicara el libro, comencé una campaña con mis hijos mayores (que por aquel entonces tenían 10 y 8 años) y algunos de los amigos con los que pasan las vacaciones en el pueblo.

Hemos seguido jugando esta campaña desde entonces, siempre en vacaciones (verano, Semana Santa) o fines de semana sueltos, siempre en el pueblo, con sus amigos. El verano del año pasado dejamos la aventura absolutamente in media res con los aventureros luchando contra un pulpo gigante... y la aventura la hemos continuado esta Semana Santa. También en esta ocasión hemos dejado a los aventureros en mitad de la acción, metidos en un castillo encantado. Pero oye, tampoco falta tanto para el verano, ¿eh? ;).

Cuando comenzamos esta campaña, mi hijo menor tenía 5 años y era un poco pequeño para jugar a rol con sus hermanos. Sí conseguimos que echara una o dos partidas a Pequeños Detectives de Monstruos pero haciéndolo en un estilo de rol en vivo que era más divertido para él. El caso es que ya tiene siete años, así que lo mismo este verano sí que le añadimos al grupo de aventureros. A ver si le apetece :).

A lo largo de todas estas partidas hemos seguido la premisa inicial del juego: los protagonistas son niños que viven sus vidas tranquilamente en una aldea de un mundo de fantasía, hasta que un día todos los adultos desaparecen. Parece que la causa es una misteriosa jarra que una niña llamada Pandora ha encontrado y de la que se han escapado un montón de espíritus malignos.

En la primera aventura, incluida en el libro básico, los héroes (infantiles, pero héroes) derrotan a uno de estos espíritus y lo encierran de nuevo en la jarra. Les he dicho a los niños que cuando logren encontrar a los cien fantasmas que se han escapado de la jarra, es probable que los padres regresen. Como ya me ha dicho una de las jugadoras, "a este ritmo me hago adulta antes de eso". Y sí, sí que le va a pasar xD. Pero espero que para entonces ya haya entendido que muchas veces lo importante es el viaje y no tanto llegar al destino ;).

En el libro había una segunda aventura en la que los personajes viajaban hasta el cercano Bosque de los Trolls y exploraban una torre, se enfrentaban a una bruja y se hacían amigos de un troll de madera. Hay que decir que esta aventura tuvieron que jugarla varias veces porque en la primera ocasión la torre les dio mucho miedo y prefirieron no explorarla por completo. Pero a la segunda fue la vencida; supongo que el hecho de que el abuelo (mi suegro) les acompañara en esa ocasión les dio algo más de valor. Aprovecho para confirmar que el juego funciona para personas con edades comprendidas entre los 7 y los 70 años ;).

No hay más aventuras en el libro de reglas, así que me planteé qué hacer a continuación. Y entonces vino en mi ayuda el mapa del Valle de Gallen. Este es un mapa incluido en el libro en el que, sobre una gloriosa plantilla hexagonal, se presentan los alrededores del pueblo de los personajes. Hay bosques, ríos, lagos, castillos, otros pueblos, etc. Pero no hay ninguna descripción de estos lugares en el libro de reglas; no se dice qué es lo que hay en el Bosque de las Voces o cómo es el pueblo de Caerdwen. No hay ni siquiera un parrafito en el libro para darte una idea de lo que hay por allí.

Y la verdad, yo lo habría agradecido, aunque solo fuera por saber cuál era la idea del autor al diseñar esta región. Pero, por suerte, los nombres son lo suficientemente evocadores como para que me haya podido liar la manta a la cabeza y, con la ayuda de las reglas de viaje, esté pudiendo seguir con las aventuras de los jugadores.

Así pues, los chicos se pusieron a explorar la región: cogieron un carro, un burrito, provisiones y tiendas de campaña y se fueron hacia el oeste. Se encontraron con otros niños de pueblos vecinos que les confirmaron que los adultos habían desaparecido en otros pueblos. Y mi hija, que interpreta a una chica-ciervo, se fue al Bosque del Ciervo a buscar a sus padres. Ahí tuvimos una serie de desafortunados incidentes que terminaron haciendo que el Bosque del Ciervo se haya convertido en el Bosque de la Araña y que no sea seguro viajar a ese lugar por el momento... algo que mi hija aún lamenta y que espera solucionar algún día.

En la siguiente aventura, los personajes se hicieron un largo viaje de ida y vuelta hasta el pueblo de Caerdwen. Tuvieron aventuras con hombres sapo del Pantano Pegajoso, conocieron a los tres hermanos que regentan la Posada de Naran, se enfrentaron a gigantes en la Piedra Afilada y soñaron con los fantasmas de unos monjes en el Santuario. Se taparon los oídos en el Bosque de las Voces y resolvieron los acertijos de los trolls que custodian los puentes que hay justo al sur del Bosque Encantado. Y finalmente llegaron a Caerdwen, llevando productos agrícolas de Naran e intercambiándolos por artesanía caerdwenita. Hasta un par de muchachos de ese pueblo aceptaron venirse a vivir con los personajes a Naran.

Después de crear esta ruta comercial tocó hacerla más segura, y lo lograron en primer lugar venciendo a los hombres sapo del Pantano Cenagoso (resultó que un fantasma les tenía dominados, habiendo adoptado la forma de un pulpo gigante). Y ahora mismo, después de dormir otra vez en el Santuario, se han ido a explorar el Castillo Encantado que se encuentra al este de las Colinas Vacías (que, por cierto, no están vacías). Por cierto, estoy usando ideas del módulo El Palacio de la Princesa de Plata para contar lo que los chicos se están encontrando en el Castillo Encantado :D.

A lo largo de estos años de partida los chicos se han apañado muy bien con el sistema de juego. No es complicado para ellos, sobre todo porque usamos las reglas más básicas. Las niñas son las que más años tienen y se han pillado magas y sanadoras, de modo que son las que tienen que leerse las listas de hechizos y escoger entre ellos; por el momento no solo no han tenido problemas, sino que hacen un uso bastante imaginativo de sus poderes (mi hija adora el hechizo de Ilusión). Los críos son más pequeños y se han puesto los guerreros con espadas y corazas. Si esto es un ejemplo de educación sexista o no, no sabría decirlo; yo les he dicho que se pueden hacer los personajes que quieran ;). Ah, y en ocasiones hemos sustituido una tirada por una pequeña prueba de habilidad "en vivo", como cuando les puse a andar por un bordillo para ver si podían trepar por las cadenas de un puente levadizo sin caerse, en lugar de hacer una tirada de destreza. O cuando se escondieron en los exteriores de la casa para simular que se escondían de un ogro en mitad del campo. Creo que lo agradecen y les da la ocasión de levantarse un poco de la mesa y hacer la experiencia más inmersiva ;).

Una cosa que me llamó muchísimo la atención es que, después de varios años jugando, el grupo original de cuatro niños, aunque tengan ahora entre 9 y 13 años, se enteran muy bien de cómo se juega: se conocen, saben qué esperar de las aventuras y, en general, se lo pasan bien y se compenetran entre sí. Y cuando ha entrado alguien nuevo a jugar, lo han acogido sin problemas (después de todo, son otros amigos o familiares suyos) pero he sido testigo de algo muy curioso: un niño que no se enteraba en absoluto de lo que estaba pasando. Le dimos un personaje, le dijimos que preguntara lo que no entendiera, se puso a jugar con nosotros... y a los cuarenta minutos de partida nos preguntó "¿cuándo vamos a empezar a jugar?" y todos le respondimos "llevamos un buen rato jugando" y se nos quedó mirando sorprendido. No pillaba el concepto de jugar sin un tablero y simplemente todos sentados, hablando. Os juro que es la primera vez que me pasa; otras veces he jugado con gente para los que el rol es algo nuevo y a algunos les ha gustado más y a otros menos... pero aún no había encontrado a nadie que no entendiera qué coño estábamos haciendo xD.

Probablemente seguiremos complicando un poco el sistema a partir de ahora, para darles a los chicos la oportunidad de usar combos de combate o alguna habilidad adicional. Ya que conocen el sistema básico, creo que están preparados. Y las aventuras seguirán siendo cosas que se me vayan ocurriendo a medida que vamos explorando el mapa del Valle de Gallen.

Sin duda alguna, Magissa ha sido una gran compra a la que le he sacado ya mucho partido. Pero lo más importante no es que lo haya "amortizado", sino que se ha convertido en el juego especial que utilizo con mis hijos y espero que para ellos se convierta en el futuro en un buen recuerdo de su relación con su padre ;). Para mí ya es suficiente recompensa la respuesta que me dio mi hija un día que le pregunté si no le gustaría jugar a un juego de mesa de fantasía en lugar de a Magissa: "no, papá, yo es que prefiero jugar a Magissa que es sin tablero ni fichas, solo de imaginar"

Saludetes,
Carlos

24 marzo 2018

Reseña de "El Arca de los Mil Inviernos"

X2: El Arca de los Mil Inviernos es una aventura de la colección Clásicos de la Marca escrita por Jordi Morera e incluida en la caja que nos ha llegado a los mecenas del Gazetteer de la Marca. Vaya por delante, antes de empezar con esta reseña, que soy amigo de Jordi Morera y que colaboré en la publicación de su libro Hexplora, así que si véis que me pongo muy entusiasta... no me lo tengáis muy en cuenta ;).

El Arca de los Mil Inviernos es la segunda aventura de exploración de la línea, después de En Busca de la Ciudad Perdida de Garan y es un "hexcrawl" en toda regla: los personajes se van a tirar meses pateando una isla enorme, hexágono a hexágono. Aunque en lugar de dar vueltas por la selva, Jordi nos lleva a una región ártica, llena de nieve y frío.

La aventura tiene 60 páginas de extensión, formato de tapa blanda con grapa y está ilustrada por Jagoba Lekuona, un artista que me gusta mucho a los lápices. Si tengo que ponerle una pega a las ilustraciones es que me gustaría que estuvieran ordenadas de modo que acompañaran más al texto. Por ejemplo, hay una que muestra un barco varado en mitad de un yermo (página 20) que me da la impresión de que ilustra un texto que está en la página 43... esto me pasa en más sitios y creo que habría sido mejor repartir las ilustraciones de otro modo. Al módulo le acompaña un mapa de la isla dividido en hexágonos al que le encuentro una pega: los números son muuuuy chiquititos y eso puede dificultar usarlo durante la partida.

Yendo a la chica del módulo, la trama consiste en encontrar un artefacto mágico (el Arca que da nombre al módulo) antes de que desate un invierno de mil años sobre el mundo. Los personajes jugadores tendrán un tiempo límite para encontrar el Arca, aunque coincido con la reseña de el Cronista cuando dice que la existencia de esta fecha límite para resolver la aventura no se le está dando a los personajes al principio de la trama. Esto es peligroso porque realmente hay más de un lugar donde los personajes podrían pasar bastante tiempo dedicándose a otros asuntos (por ejemplo, en las ciudades thurianas), sin saber que el tiempo se les está agotando.

El módulo comienza con una extensa sección llamada "Explorar la Isla Boreal" con reglas para moverse por la isla. Se habla de tiempos de movimientos por los distintos tipos de terreno, los peligros del frío, las posibilidades de perderse, cómo encontrar refugio, las características de los distintos tipos de terreno, etc. Aquí se muestra una de las características de la escritura de Jordi y es que se documenta muy bien sobre lo que escribe: uno podría pensar que en una isla de climatología ártica no habría muchos tipos de terreno, pero Jordi nos habla de desiertos de escarcha, tundras, taigas, dunas de nieve, turberas, etc, y también de modos de moverse a base de esquíes, trineos, kayaks, etc. Estas reglas y descripciones son útiles como suplemento para otras aventuras ambientadas en este tipo de regiones.

Después pasamos a una de mis partes preferidas del libro: ¡las tablas de encuentros aleatorios! Y qué tablas más buenas. Están organizadas por zonas de la isla, pero algunos resultados pueden hacer que tengamos que hacer más tiradas en otras tablas. Y la variedad de encuentros es brutal: algunos son monstruos que salen en el manual del juego, pero otros son criaturas creadas específicamente para esta aventura. Y dentro de estas, pueden ser razas monstruosas nuevas o criaturas únicas que incluyen a semidioses que habitan en la isla. Y sin contar con que en las tablas pueden salir efectos del clima como nevadas o aludes, o incluso señales sobrenaturales (¡y muy peligrosas!) que indican que Se Acerca El Invierno ;).

Estos encuentros aleatorios son una parte importantísima de la aventura. Todos son apropiados para la aventura y seguro que algunos provocarán que cada partida sea distinta y sorprenda tanto a los jugadores como al propio director de juego. En mi opinión son aún mejores que las de En Busca de la Ciudad Perdida de Garan por la cantidad de seres únicos y nuevos que incluyen. Me apunto la técnica para la próxima aventura que escriba ;).

Con esto llegamos casi a la mitad del libro. Casi la otra mitad ("Localizaciones de la Isla Boreal") se dedica a describir zonas concretas de la isla, describiendo sus hexágonos. Y aquí tenemos poblados humanos y de yetis, ciudades perdidas habitadas por razas de hechiceros degenerados, guaridas de trolls y dragones, ruinas, guaridas de monstruos, lugares donde viven los dioses de la isla, fortalezas de gigantes y, finalmente, el lugar donde descansa el Arca de los Mil Inviernos.

En estas localizaciones Jordi despliega una gran capacidad de sincretismo y mezcla personajes de la mitología nórdica y finesa con tebeos de Conan, héroes gloranthanos, dioses Primigenios, exploradores de la antártida y otra docena de referencias que seguro que se me están escapando. Y lo mejor es que todo encaja. Sé que las piezas vienen de aqui y de allá, pero el mosaico que forman es armonioso.

El libro finaliza con un listado de personajes y monstruos de la isla, y es bastante importante leerlo porque, como ya he dicho antes, la mayoría de estos seres son creaciones originales de esta aventura. Tanto es así que cuando un monstruo está descrito en el libro de reglas del juego se hace referencia directa a usar las estadísticas de dicho ser, y no se incluyen en el apéndice... y aún así este ocupa siete páginas.

La aventura, no os lo negaré, me parece complicada de terminar con éxito. No solo porque haya peligros bastante grandes y monstruos muy duros, sino por el factor tiempo. A medida que van pasando los meses, el clima de la isla va empeorando, y un grupo que esté algo perdido sobre lo que debe hacer lo puede pasar francamente mal para terminar la aventura satisfactoriamente. Y si no lo hacen, las consecuencias para el mundo de campaña serán funestas... con lo que puede que el director de juego se sienta tentado a ayudar a los jugadores en un momento dado.

En conclusión, me ha encantado la aventura. Creo que es original, muy bien desarrollada y evocadora en grado sumo. Un suplemento que va a dar meses de diversión a un director de juego al que le guste una buena mini-campaña de exploración en las tierras salvajes.

Saludetes,
Carlos

20 marzo 2018

Más reflexiones sobre los puntos de experiencia

Hace un par de años publiqué en el blog un par de artículos sobre los puntos de experiencia en D&D: uno mío sobre Puntos de Experiencia en los primeros D&D y otro escrito por Pablo Rojo sobre Puntos de Experiencia en los últimos D&D. En dichos artículos hablaba sobre cómo en D&D la ganancia de puntos de experiencia había pasado de centrarse en conseguir tesoros y esquivar monstruos a vencer monstruos. Creo que este párrafo es significativo sobre mi opinión general sobre el tema (he añadido un par de negritas):

Quizá era inevitable que "D&D" cambiara desde su concepción inicial, a medida que se convertía en un éxito de ventas y en el jugador hegemónico dentro de su campo. Quizá no podía seguir siendo por siempre un juego en el que la experiencia viniera principalmente de encontrar dinero y botín, que era un concepto limitado, y tenía inevitablemente que evolucionar a un concepto más amplio y general.

Pero lo que lamento es que el concepto al que evolucionó fue al del combate. Buscar botín y esquivar monstruos daba pie a partidas en las que primaba el ingenio, el sigilo y el pensamiento creativo. Vencer a monstruos, normalmente a base de tener más potencia de fuego, hace primar el componente táctico del juego. ¿Se quería hacer el concepto de "D&D" más general, menos centrado en conseguir botín? Pues se podría haber evolucionado a un concepto en el que la experiencia se obtuviera principalmente al superar retos: convencer a un rey de algo, explorar una región desconocida, resolver un misterio o vencer en un combate. No el combate explicado primero y el resto después. Es decir, el combate podría haber estado al mismo nivel que el resto de modos de conseguir experiencia, en lugar de tener el nivel preponderante que fue adquiriendo en sucesivas ediciones.

En resumidas cuentas, de acuerdo, interpretar siempre a saqueadores sedientos de botín limita mucho el juego pero, ¿no lo limita también hacer que interpretemos a luchadores sedientos de sangre?

Todo esto me vino a la mente el otro día, mientras jugábamos la partida de los Aventureros de Vashtión (ya no son de Muro). Porque fue una partida en la que los jugadores se pasaron la mitad de la sesión negociando en la sede del Obispo de Vado, intrigando en una baronía enemiga y solo al final, ya al final, enfrentándose a un enemigo (¡y solo uno de los personajes!). Como estamos usando el sistema Adventurer, Conqueror, King, retroclón de D&D donde se otorga mucha experiencia por tesoro, algo de experiencia por combate y nada de experiencia por resolver desafíos... resulta que muchos personajes ganaron cero míseros puntos de experiencia y el que sí ganó algo, tampoco ganó tanto.

Lo cual es bastante fastidioso, porque la sesión fue divertida, los personajes se relacionaron con vecinos (algunos aliados, otros rivales), exploraron una zona de bosque llena de bandidos y al final, sí, se enfrentaron a los bandidos. Pero es poca experiencia para las muchas experiencias que han tenido ;).

Es el momento de decir que las campañas políticas no están recompensadas en D&D. O al menos, no lo están aquellas que no termina con los jugadores pegándose de tortas con alguien o encontrando un tesoro que llevarse a casa ;).

Es cierto que en ACKs esto está hasta cierto punto contemplado en las reglas, porque simplemente tener un dominio y administrarlo te hace ganar puntos de experiencia. Ojo, con un límite máximo de nivel que puedes alcanzar por tener tierras, para que no todos los barones y reyezuelos de la ambientación sean de nivel 14 en un par de años o tres. Y aunque todos los personajes en ACKs obtienen una fortaleza y tierras al llegar al nivel 9, está contemplada la posibilidad de que un personaje de nivel 1 tenga tierras (que es lo que le pasa a Vash, nuestro Paladín de nivel 1 y heredero de la fortaleza de Rogahr y Zelligar).

Así que al final, sí, puedes ganar experiencia cada mes simplemente por tener tierras, pero es como una ganancia administrativa que se consigue cada cierto tiempo de juego, pero no durante las aventuras. Y claro, la experiencia la gana el dueño del dominio, no sus compañeros que se están currando también el mantener el dominio entero.

En todas las aventuras a partir de la segunda edición ya se decían cosas como "otorga a los jugadores 500 puntos de experiencia por resolver el misterio", y quizá puntos de experiencia adicionales según lo bien que lo han hecho o los objetivos secundarios que han logrado. Lo mismo que en Aquelarre, por ejemplo, o en Clásicos del Mazmorreo; ambos juegos están muy centrados en aventuras y cada aventura puede ser muy ecléctica en cuanto a las situaciones en las que se van a ver envueltos los personajes. Así que al final van dando puntos de experiencia por ir más o menos resolviendo la situación.

El problema que le veo a esto es que, en entornos sandbox, donde no se juega tanto aventuras pregeneradas, sino que se exploran localizaciones y se interactúa con personajes no jugadores, no es tan sencillo decidir qué cosas deben dar puntos de experiencia y qué cosas no. ¿Cuántos puntos de experiencia debería haberles dado a los personajes de mis jugadores por interactuar con el Obispo y luego con el Barón de Rocaverde? ¿500? ¿1.000? ¿Y si luego se encuentran una joya de 5.000 monedas de oro en la aventura? ¿No seguimos diciendo que se dejen de tanta charla y se vayan a saquear cosas?

Leyendo sobre el tema de los puntos de experiencia, encontré una propuesta muy interesante en el blog de RPGPundit, en su entrada Experience in Lion & Dragon: en Lion & Dragon cada jugador gana un punto de experiencia simplemente por acudir a jugar y luego se le da un punto más al mejor jugador (elegido entre todos) y un punto adicional si alguien ha logrado algo significativo. Luego se sube de nivel al conseguir 5 puntos (en niveles bajos) o a los 10 puntos (a niveles más altos) aunque se comenta en la propia entrada que esta progresión se puede cambiar sin demasiados problemas.

Esta propuesta me resulta interesante porque siempre he pensado que los puntos de experiencia deben ser una recompensa por hacer lo que el juego quiere que hagas: encontrar tesoros (en los primeros D&D), vencer enemigos (en posteriores D&D), resolver situaciones (en Aquelarre) y... acudir a jugar, impresionar a tus amigos y lograr objetivos personajes (en Lion & Dragon). ¡Estamos recompensando a la gente por venir a jugar, por participar! Aunque también (y en la misma medida) por impresionar a tus amigos y lograr objetivos.

De este modo se resolvería mi problema con la última sesión: le daría a cada jugador que vino a jugar 1 punto de experiencia, les dejaría votar a quién se le da el punto de experiencia extra y probablemente no se llevarían más puntos, porque no se logró terminar nada significativo, simplemente se pusieron en movimiento muchas cosas que serán interesantes en el futuro.

Me parece una idea muy buena, porque tampoco da puntos únicamente por venir sino que obliga a esforzarse un poco y a perseguir objetivos. Si simplemente se diera a todos los personajes el mismo número exacto de puntos de experiencia, directamente podríamos pasar de los puntos de experiencia por completo y decir "cada tres aventuras subís de nivel".

Seguiré dándole vueltas al asunto, y esto no quiere decir que vaya a cambiar el modo en el funciona ACKs en la campaña que estoy jugando... pero esto es un ejemplo más de que lo mejor para reflexionar sobre cómo funcionan los juegos de rol es jugándolos.

Saludetes,
Carlos